martes, 22 de mayo de 2018

"Facundo Cabral, feliz cumpleaños 81"

Facundo Cabral nació un día como hoy, el 22 de Mayo de 1937.

Mi maestro quien nunca morirás porque cada dia aprendo más de tus enseñanzas. 

De ti aprendí a tener autoestima "No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes".

A valorarme y creer en mi..."Haz solo lo que amas y serás feliz, el que hace lo que ama esta benditamente coronado al éxito, que llegará cuando deba de llegar, porque lo que debe ser, será y llegará naturalmente"

A ser libre... " Ninguna cosa distrajo la libertad de mi vida, porque una mano ocupada es una mano perdida"

A no dejar que los problemas me agobien...  "Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple ¿Por qué te preocupas tanto?.

A cuidar mi presente y disfrutarlo... "Cuida el presente, porque en el vivirás el resto de tu vida".

A amar ... "No hagas nada por obligación ni compromiso, sino por amor".

A ser solidaria..." Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla"

A conocer a Dios nuestro Padre como tu lo llamabas...  "Dios está en todos, pero no todos están en Dios, por eso se sienten vacíos".

A tener fe... "No te preocupes pensando que es lo que vas a comer, con qué te vas a vestir, que por cosas tan pequeñas el hombre se hace infeliz, porque el Señor sabe bien que necesita tu piel. Anda con Él".

A no estar atado a nada... " Hay una sola religión: El Amor; Hay un solo lenguaje: El del corazón; Hay una sola raza: La humanidad; Hay un solo Dios y está en todas partes"

Por eso y todo lo que nos enseñas con tus mensajes ahora soy libre y feliz...
!Si Señor!  Juana Macedo Palomino

El ser no despierta...

Fui analfabeto hasta los 14 años...

!Buenos días amigos!

jueves, 17 de mayo de 2018

La sonrisa cuesta...

Tu peor batalla...

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NUEVE. VIII,17

VIII,17. Tú, que haces morar en una misma casa a los de un solo corazón, nos uniste también a Evodio, joven de nuestro municipio, quien, militando como «agente de negocios», antes que nosotros se había convertido a ti y se había bautizado y, abandonada la milicia del siglo, se había alistado en la tuya. Estábamos juntos, y habríamos de juntos vivir en santa concordia. Buscábamos el lugar más adecuado para servirte, y juntos regresábamos al Africa. Mas he aquí que estando en Ostia Tiberina murió mi madre. Muchas cosas paso por alto, porque voy muy de prisa. Recibe mis confesiones y acciones de gracias, Dios mío, por las innumerables cosas que paso en silencio. Mas no callaré lo que mi alma me sugiera de aquella, tu sierva, que me engendró en la carne para que naciera a la luz temporal, y en su corazón para que naciera a la luz eterna. No referiré yo sus dones, sino los tuyos en ella. Porque ni ella se hizo a sí misma ni a sí misma se había educado. Tú fuiste quien la creaste, pues ni su padre ni su madre sabían cómo saldría de ellos; la Vara de tu Cristo, el régimen de tu Unico fue quien la instruyó en tu temor en una casa creyente, miembro bueno de tu Iglesia.

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NUEVE. VI,14

VI,14. Así que cuando llegó el tiempo en que debíamos «dar el nombre», dejando la quinta, retornamos a Milán. También Alipio quiso renacer en ti conmigo, revestido ya de la humildad conveniente a tus sacramentos, y tan fortísimo domador de su cuerpo, que se atrevió, sin tener costumbre de ello, a andar con los pies descalzos sobre el suelo glacial de Italia. Asociamos también con nosotros al niño Adeodato, nacido carnalmente de mi pecado. Tú, sin embargo, le habías hecho bien. Tenía unos quince años; mas por su ingenio adelantaba a muchos varones graves y doctos. Éstos eran dones tuyos, te lo confieso, Señor y Dios mío, Creador de todas las cosas y muy poderoso para dar forma a todas nuestras deformidades, pues lo único mío en este niño, era el delito. Porque aun aquello mismo en que le instruíamos en tu disciplina, eras tú quien nos lo inspirabas, ningún otro; a ti te confieso tus dones (...).

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NOVENO. III,5


III,5. Verecundo se angustiaba de pena por éste nuestro bien, porque veía que iba a tener que abandonar nuestra compañía a causa de los vínculos [matrimoniales] que le aprisionaban tenacísimamente. Aunque no era cristiano, estaba casado con una mujer creyente; mas precisamente en ella hallaba el mayor obstáculo que le retraía para entrar en la senda que habíamos emprendido nosotros, pues no quería ser cristiano, decía, de otro modo de aquel que le era imposible (...)

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NOVENO. IV,8, 9

IV,8. ¡Qué voces te di, Dios mío, cuando, todavía novato en tu verdadero amor y siendo catecúmeno, leía con tranquilidad en la quinta los salmos de David –cánticos de fe, sonidos de piedad, que excluyen todo espíritu hinchado– en compañía de Alipio también catecúmeno, y de mi madre, que se nos había juntado con aspecto de mujer, fe de varón, seguridad de anciana, caridad de madre y piedad cristiana! ¡Qué voces, sí, te daba en aquellos salmos y cómo me inflamaba en ti con ellos y me encendía en deseos de recitarlos, si me fuera posible, al mundo entero, contra la sóberbia del género humano! Aunque cierto es ya que en todo el mundo se cantan y que no hay nadie que se esconda de tu calor. ¡Con qué vehemente y agudo dolor me indignaba también contra los maniqueos, a los que compadecía grandemente, por ignorar aquellos misterios, aquellos medicamentos, y ensañarse contra el antídoto que podía sanarlos! Quisiera que hubiesen estado entonces en un lugar próximo y, sin saber yo que estaban allí, que hubieran visto mi rostro y oído mis clamores cuando leía el salmo 4 en aquella tranquilidad y los efectos saludables que en mí obraba este salmo: Cuando yo te invoqué, tú me escuchaste, ¡oh Dios de mi justicia!, y en la tribulación me dilataste. Compadécete, Señor, de mí y escucha mi oración (Sal 4,1). ¡Que me oyeran, digo —ignorando yo que me oían, para que no pensasen que lo decía por ellos—, las cosas que yo dije entre palabra y palabra; porque realmente ni yo habría dicho tales cosas, ni las habría dicho de este modo, en caso de sentirme visto y escuchado por ellos; ni, aunque las dijese,  serían recibidas así, como hablando yo conmigo mismo y dirigiéndome a mí en tu presencia en íntima efusión de los afectos de mi alma.
9. Me horroricé de temor y a la vez me enardecí de esperanza y gozo en tu misericordia, ¡oh Padre! Y todas estas cosas se me salían por los ojos y por la voz al leer las palabras que tu Espíritu bueno, vuelto a nosotros, nos dice (...).

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NOVENO, III,6

6. Se angustiaba entonces, como digo, Verecundo, pero Nebridio se alegraba con nosotros. Porque, aunque también éste –no siendo aún cristiano– había caído en el hoyo del perniciosísimo error de creer ilusoria la carne de la Verdad, tu Hijo, ya, sin embargo, había salido de él, aunque  permanecía sin imbuirse en ninguno de los sacramentos de tu Iglesia, si bien era un investigador ardentísimo de la verdad. No mucho después de nuestra conversión y regeneración por tu bautismo, se hizo al fin católico fiel, sirviéndote a ti junto a los suyos en África, en castidad y continencia perfectas; y después de haberse convertido a la fe cristiana por su medio toda su casa, le libraste de los lazos de la carne, viviendo ahora en el seno de Abraham, sea lo que fuere lo que por dicho seno se significa. Allí vive mi Nebridio, dulce amigo mío y, de liberto, pasó a ser hijo adoptivo tuyo. Allí vive –porque ¿qué otro lugar convenía a un alma como esa?–, allí vive, de donde salía preguntarme muchas cosas a mi, hombrecillo inexperto. Ya no aplica su oído a mi boca, sino que pone su boca espiritual en tu fuente y bebe cuanto puede de la sabiduría según su avidez, sin término feliz. Mas no creo que se embriague de tal modo de ella que se olvide de mí, cuando tú, Señor, que eres su bebida, te acuerdas de nosotros. 

LAS CONFESIONES DE SAN AGUSTIN. LIBRO NOVENO II,4

LIBRO NOVENO II,4. (...) Lleno, pues, de tal gozo, toleraba aquel lapso de tiempo hasta que terminase –no sé si eran unos veinte días–; y lo toleraba ya con gran dificultad, porque se había ido la ambición que solía llevar conmigo este pesado oficio y me había quedado yo solo; por lo que hubiera sucumbido de no haberse hecho presente, en lugar de ella, la paciencia. Tal vez dirá alguno de tus siervos, mis hermanos, que pequé en esto, porque, estando ya con el corazón lleno de deseos de servirte, soporté estar una hora más siquiera sentado en la cátedra de la mentira. No discutiré con ellos. Pero tú, Señor misericordiosísimo, ¿acaso no me has perdonado y remitido también este pecado con todos los demás, horrendos y mortales, en el agua santa del bautismo?

!Feliz día amigos!

miércoles, 16 de mayo de 2018

!Buenas noches amigos!

Entregale a Dios tu tristeza y dolor...

Primero se mueren por ti...

Hay tantas cosas

Hermosa naturaleza...a cuidarla

!Buenos días amigos!

lunes, 14 de mayo de 2018

En un minuto...

Reacciona inteligentemente...

Busca el lado positivo...

Y de repente...

Muchas maravillas...

Mi madre nunca pudo ser inteligente...

!Feliz inicio de semana amigos!

domingo, 13 de mayo de 2018

No encontrarás el equilibrio...

Madre...

! Feliz día a todas las madres del mundo!

Diálogo de la madre. Facundo Cabral.

...Dejó la escoba, se lavó las manos , siguió cantando pero muy despacito, no se peino, ni lavó los pisos, se quemó el pastel, se cambió el vestido, no leyó los diarios y cerró los libros al final de cuentas siempre es lo mismo. Apagó la radio, encendió las velas y al llegar la noche se durmió contenta. Temprano en la mañana se levantó radiante y escribió con dentrífico en el espejo del baño su nuevo apellido. Alzo la copa, la copa vacía y brindó con nadie llena de alegría, le dijo un verso, un verso de Whitman a la golondrina que pasó de prisa. Entre las cortinas se perdió bailando, intentó una mueca, terminó llorando, tuvo mucho miedo pero fue muy lindo. A las seis en punto María tuvo un niño...